¿Estás mal porque tienes que volver a tu casa? -Me pasó la mano por las mejillas provocando que cerrase irremediablemente los párpados. Cuando quise darme cuenta, estaba con la cabeza en su hombro y con las piernas sobre la mesa.
-No quiero volver -dije sin más-. Es todo tan aburrido en ese lugar.
-Si lo pintas todo igual no podrás ver la parte positiva, vamos, eres demasiado pesimista.
-¿Es que tú cuando eras adolescente no querías largarte de la ciudad?
-Sí. Y lo hice.
-Entonces no me llames pesimista porque yo también quiero cambiar algo de mi vida, y no me digas que le busque la parte positiva porque no la hay - se quedó en silencio, al igual que yo. Le acababa de echar en cara algo de lo que él no era culpable-. No me despierto muy simpática, olvídalo.
-No sé que decirte -se puso en pie y me ofreció la mano para que le siguiera-. No te puedo engañar haciéndote creer que lo que importa no es el tiempo. Pero ya veo que has aprendido que todo es cuestión de esperar...
-No quiero volver -dije sin más-. Es todo tan aburrido en ese lugar.
-Si lo pintas todo igual no podrás ver la parte positiva, vamos, eres demasiado pesimista.
-¿Es que tú cuando eras adolescente no querías largarte de la ciudad?
-Sí. Y lo hice.
-Entonces no me llames pesimista porque yo también quiero cambiar algo de mi vida, y no me digas que le busque la parte positiva porque no la hay - se quedó en silencio, al igual que yo. Le acababa de echar en cara algo de lo que él no era culpable-. No me despierto muy simpática, olvídalo.
-No sé que decirte -se puso en pie y me ofreció la mano para que le siguiera-. No te puedo engañar haciéndote creer que lo que importa no es el tiempo. Pero ya veo que has aprendido que todo es cuestión de esperar...
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Confeciones de una mente retocida.