Era inevitable pensar que tu vida siempre podía mejorar. Tal vez no todas las personas gozábamos de la misma suerte, pero no era justo saber que estaba repartida de una forma tan desproporcionada.
Cuando la vi moverse de aquella forma, me transmitía ganas de salir corriendo y buscar algo que hacer, algo en lo que yo también pudiera destacar, ya que sabía, que yo también tenía facultades.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Confeciones de una mente retocida.